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Mi trabajo de maestra me ha llevado a comprobar durante años lo acontecido en muchos hogares españoles en el día a día. He podido observar apenada, que cada vez más se repetía el hecho de ver a algunos de mis alumnos/as abandonados emocionalmente. Cuando digo abandonados emocionalmente me refiero a que no contaban con la atención adecuada por parte de sus padres, tan necesaria en esta etapa de su desarrollo. Soy consciente de que la situación familiar de cada uno es única y que cada madre y cada padre lo hace de la mejor forma que sabe y puede. Pero para ellos, para los/as niños/as no siempre es la mejor forma.
A raíz del parón obligado de nuestro ritmo de vida debido al COVID-19, he estado pensando en cuánto ha cambiado la vida en estos días para muchos de esos niños y me alegra saber que, a pesar de las circunstancias, están encontrando grandes beneficios en esta situación como los siguientes:

  •  Se despiertan sin estrés porque no tienen horario de entrada al cole.
  • Tienen más horas de descanso que favorecen su desarrollo tanto físico como mental.
  • A pesar de tener que seguir aprendiendo desde casa, no tienen que ir al aula matinal ni a comedor, hecho que les hacía comenzar su jornada «laboral» muy temprano y acabarla más tarde.
  • En la mayoría de los casos son las madres y padres los que están con ellos, con lo cual se sienten más queridos y atendidos emocionalmente.
  • Almuerzan con su familia y no en el comedor, con lo que disponen de más momentos de charla que antes no tenían.
  • No tienen la agenda repleta de actividades extraescolares por lo que sienten menos estrés, ellos y sus familias, y vuelven a tener tiempo libre de juego.
  • Al tener más tiempo libre, aparece también el «temido» aburrimiento, tan importante en el desarrollo de la creatividad.
  • Disfrutan de tiempo de calidad con sus familias que en otros momentos y en circunstancias «normales» habría sido tiempo con el/la canguro, con los abuelos o en las múltiples actividades programadas en las agendas. En algunos casos, ese tiempo se utiliza para realizar yoga en familia.
  • Se sienten seguros en esta situación porque es un entorno en el que se sienten protegidos.
  • Su alimentación puede ser más sana, ya que, al no salir, no tienen la tentación de comer chuches como cuando van al parque con los amigos. Los adultos también tienen más tiempo para cocinar y pueden elaborar recetas más saludables.

En definitiva, las familias están volviendo a ser familias, compartiendo tiempo de calidad, cosa impensable en algunos hogares en otras circunstancias.